escribo esto medio año después. escribo desde el otro extremo del año, otra estación y otra vista hacia la cordillera. los valles que en este viaje fueron secos y marcianos hoy son blancos. los ríos y los penitentes deben estar ocultos, esperando el verano. los días más cortos y el aire más frío. hoy el viaje sería otro. mientras me hago las ganas para escribir contrasto mis recuerdos con las imágenes mucho más vivas y recientes de las veces que he subido a la montaña en estas últimas semanas invernales, siempre con esquís, siempre revolcado en un mar de nieve en algún momento del día. desde el invierno el verano es solo un recuerdo incoherente con el territorio. desde el verano, en vez, el invierno es blanca ciencia ficción. toda esta latitud cordillerana debe ser ciencia ficción para quien no la habita, por eso los brasileños suben tanto a farellones.
y menos mal suben, porque hoy, tarde del 2 de enero, una de esas vans de brasileños es mi única oportunidad de llegar a valle nevado. no hay más autos. subo a dedo hasta farellones y me quedo en el cruce con valle nevado esperando a alguien que me lleve. espero. espero más de una hora. el dia empieza a atardecer y yo a impacientar. pasan todas las vans que tenían que pasar y luego pasa la que tiene que parar (mejor verlo así), subo con mi mochila de 12L y un piolet y un casco colgados por fuera. 'ele é um montanhista' dice la guía turística, o algo así, y el resto me mira como si fuera parte de la fauna local. llego al estacionamiento de valle nevado a las siete y parto altiro porque ya es tarde, paso sin parar por piedra numerada tipo nueve, y empiezo a subir hacia el portezuelo del cepo. en la subida se va la luz, pero por flojo estiro sacar el frontal lo más posible. creo ser flojo para casi todo excepto para lo que no, y para lo que no, no lo soy para nada. para justificar el no parar me digo que cuando la luz se va de a poco el ojo se acostumbra, pero cuando llego a la cima del portezuelo ya si que no se ve nada
son las diez y algo. ahora sí saco el frontal y asomo la cabeza hacia acarreo por el que tengo que bajar. se sigue sin ver nada. se supone que esto va desde los 4100 a los 2400. es mi primera vez por aquí y solo veo piedras y pendiente, pero como se que se baja, bajo. es loco no ver nada y de algún modo sentir que me estoy internando en un valle enorme, mucho más grande que el del otro lado. la subida desde piedra numerada tiene 900, y esta bajada al olivares casi el doble. pasadas las doce de la noche y ya en el valle del olivares me topo con unas vacas y con los restos de un campamento. ahí mismo me tiro. tengo un libro (me doy color con llevar lo menos posible, efectivamente no llevo nada, y al final igual meto algo para entretenerme) del que uso esas hojas en blanco del final para escribir un poco sobre el día mientras me da suenyo. cuatro horas después ya son las seis de la manyana y hay luz. veo por primera vez el valle, enorme. veo también la vertiente norte del valle, por donde baje, y la vertiente sur, mucho más brígida. en la vertiente sur veo el 'alto del coironal', por primera vez de tan cerca. siempre lo miro... ojala algún día (algún día!!) ponerme el disfraz de valiente y ir a tropezar. tiempo después me dijeron que el valle del olivares se forma porque las montañas del sur empujan a las del norte, o al revés, (quizás todos los valles?) el hecho es que es un rol que no cambia y por eso las dos vertientes del valle lucen tan distintas.
voy valle arriba. a ratos barro, a ratos agua, a ratos seco. a ratos sendero, a ratos no. por seguir un track que encontré en andeshandbook termino dando hartas s's (eses) innecesarias
el valle tiene un sendero, pero en los últimos 10 km o se pierde el o me pierdo yo. demoro cuatro horas en corre-cami-nar los veinte kilómetros entre donde dormí y la loma rabona. llegando a la loma tengo que cruzar el estero picarte, mucho más grande que los afluentes que he pasado hasta el momento. desde la loma rabona bajan dos ríos, uno por la izquierda y otro por la derecha, y se unen para formar el río olivares. se forma una 'Y'. el estero picarte es el río que baja por la izquierda de la loma, y este inicio de verano, sin conocerlo, lo siento bien cargado. paseo de arriba a abajo, entro al río en varias partes y en ninguna avanzo más de un tercio del ancho antes de devolverme porque la corriente es mucha. al final, un poco frustrado per con ganas de seguir, encuentro un lugar en donde el río se confunde con un afluyente muerto y el ancho aumenta pero la corriente disminuye. me tiro en diagonal nomás, propulsado con ganas, y la corriente me cruza al otro lado. una de mis pocas certezas ahora mismo es que no tengo ninguna gana de volver a cruzar el río de vuelta, voy a salir por otro valle.
tengo un dibujo de como subir el acarreo de la izquierda de la loma rabona y la realidad se me parece al dibujo, bien. a la mitad del acarreo encuentro una pala y un chuzo y mucho oxido. hay que tener ganas para traer un chuzo hasta aquí.
el valle sobre y pasada la loma rabona es bien marciano, inhóspito, distinto al del olivares. no hay una planta ni porsiacaso. se nota que perteneció a los glaciares hace menos tiempo. estoy en los faldos del cerro federacion y el glaciar juncal gamma, a la altura de la laguna picarte
camino apuntando al altar. voy pegado al rio del momento (que es el mismo estero picarte que cruce antes de subir la loma rabona, pero mas arriba) por si toca cruzarlo. por ahora el cruce se ve imposible, pero el rio se vuelve mas pequenyo después de cada laguna que paso y mi esperanza es que al llegar a la base del altar el rio ya este desmembrado. el suelo es arenoso, casi playero, y correr es un desperdicio. la poco conocida cara norte del altar se ve pequenya a lo lejos, a la izquierda en la foto...
los once kilómetros que nos separan se me hacen eternos. finalmente llego a la base del altar a no sé que hora, tipo cinco de la tarde. el reloj dice que van 55km, aunque no se si los km dicen algo en este terreno. paro en la estación glaciológica de la d.g.a. al inicio del glaciar olivares alfa. tienen moto de nieve. no hay nadie y no sé por qué el refugio esta cerrado con veinte vueltas de cuerda, o anti portonazo o aquí aún no han llegado los candados. me derrumbo en las latas del refugio donde no pega el viento a comer una barrita. que rica. está más rica que nunca. me como otra y otra más. siento la energía en cada bocado. al terminar una modorra instantánea. podría dormir aquí, pero estoy a 4300 y ya esta medio frío. podría deshacer todas las vueltas de cuerda que cierran el refugio y colarme. o podría meterle ganas a las cinco horas de luz que aún quedan y tratar de cruzar el olivares alfa y bajar a yerba loca, donde seguro se duerme mejor. decido por la ultima (porque esto es trail!) y parto hacia el glaciar.
esta es sin duda la parte más dura de toda la ruta. al principio logro esquivar penitentes y avanzar por una lengua de roca que se interna por una orilla del glaciar. cuando la lengua se termina avanzo un rato más por el acarreo de la orilla norte del glaciar, subo a unas lomas para seguir capeando el hielo mientras pueda, hasta que la pendiente de la orilla del glaciar ya es intransitable. va hora y media desde que pase el refugio, 1.5km avanzados, y aún quedan 1.5km de glaciar que se ven incapeables. aquí se ve un nudo en el track, no sé muy bien que hacer, el glaciar parece limpio pero esta muy débil. cada vez que trato de montar al hielo paso directo hacia el agua subterránea. filo con mojarme las patas, vienen mojadas hace horas, pero se escucha el río de agua debajo del hielo y no estoy ni ahí con caerme. doy mil vueltas pero ningún hielo parece resistir peso, en todos paso de largo. ahora mismo no soy más que un punto entre el littoria y el altar, un punto pensando en devolverse... deben ser sesenta k de vuelta al domo del olivares versus veinte para salir por yerba loca. los sesenta k no sonarían tan mal si no fuera por que no quiero cruzar el estero picarte de nuevo, pero bueno... mejor hacer algo que ya hice que quedarme pegado en algo que no sé si puedo hacer.
ya medio decidido a pegar la vuelta doy los primeros pasos para devolverme, pasos difíciles. doy una ultima mirada fugaz al glaciar, y en un impulso corro hacia dos penitentes y doy unos pasos fugaces hacia el glaciar, lo más ligeros posibles, como cuando uno trata de caminar en el agua en la piscina como jesús. en la piscina nunca funciona, pero aquí (por milagro, como jesús) resisto. doy otro paso, bien. bien! unos metros más adentro el glaciar ya se ve mucho más solido. no veo mucho más porque los penitentes son más altos que yo, pero apunto hacia donde tengo que ir. empiezo a avanzar a lo perro bomba entre los penitentes, de vez en cuando montándome a uno para mirar como voy, parezco una zuricata. cada dos pasos el penitente en el que estoy montado se destruye sin avisar y caigo de cara en el que viene. bastardos! 'penitentes', nombre merecido. penitentes que también se podrían llamar ku klux klans. parece que solo han pillado penitentes en esta parte del mundo y en un satélite de jupiter en el que miden como quince metros, brígido. no sé cuanto llevo pero se que no tengo que parar a pensar, penitente tras penitente voy a pasar este trepe horizontal. pasan horas. salgo del glaciar y estoy más chao que hola. tocar tierra me hace salir del modo perro bomba y me doy cuenta que estoy muy deshidratado. estoy en el filo entre el altar y el littoria y del día queda solo un filo de luz, tengo que bajar rápido. miro hacia lo recorrido y saco una foto antes de bajar
el acarreo es perfecto, arenoso tipo machón y muy vertical, se baja esquiando con zapatillas (y probablemente se sube sufriendo). me paso los últimos veinte minutos de luz bajando al valle de yerba loca. llegar al parque, aunque sea al fondo, es como empalmar con un sendero después de estar mucho rato perdido. incluso al caer la noche se siente familiar y acogedor
no tengo ni sed ni hambre, pero se que tengo que tomar agua si quiero sentirme mejor. reviso el mapa y me doy cuenta que tengo que bordear el falso altar por cinco kilómetros antes de llegar al mirador del glaciar, y falso altar tiene pinta de no dejar caer ni una gota de agua por sus laderas. mareado y corriendo voy probando una que otra agua sin éxito, creo con sulfato, hasta que casi llegando a la cascada o quizás un poco más abajo pillo una que sabe como me gusta, potable. pienso en seguir y llegar a villa paulina esa misma noche, pero hay una roca que se ve tan cómoda que no la puedo resistir. tumbome en la roca sin nisiquiera sacarme el casco, me abrigo, como algo, lo vomito, y me duermo.
despierto cuatro horas despues sintiendome asombrosamente bien. dormi sin despertar, lo cual es raro en estas circunstancias pero confirma que la roca era una joya. con hambre y energía para correr me levanto y corro los últimos doce kilometros. treinta-y-6 horas después de empezar llego a villa paulina, busco una roca a la que le pegue el sol del amanecer, y devoro toda la comida que encuentro en la mochila. que placer.
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