la finca

28.02.2026

a ver si logro que mis garabatos de estos días no terminen perdidos en las hojas en blanco del final del libro que estoy leyendo.

los días han estado tranquilos. mi pie sana, pero muy lentamente. no voy a poder correr la carrera... la verdad no creo, pero estoy bien.

decido escapar por un rato de el ruido de la ciudad y del carnaval que cae justo este fin de semana, y me voy por unos días a un hostal en la montaña, cerca de tejeda. ya saliendo de la ciudad, en el bus, sé que fue una buena decisión. una rica decisión. el bus sale de la ciudad y se adentra casi inmediatamente en un verde jungla, se encarama por unas curvas estrechas, caladas en la selva no se cómo. hoy, además, llueve, y llueve de muy cerca. ha estado así desde que llegué a la isla, todo parece estar dentro de una nube que bien podría ser el límite de la realidad. desde mi asiento de este bus vacío, detrás de las gotas de lluvia que se escurren en el vidrio, veo como las curvas se abren paso de a una en la neblina. en cada curva que damos el bus se asoma peligrosamente a un precipicio, sin caer gira, y descubre unos metros más de nebulosa realidad. voy pegado a la ventana, entregado al viaje. poco me importa estar confiandole mi vida al conductor en cada curva, más bien el olor a selva mojada llega hasta mi asiento y yo lo respiro tranki. la sensación es similar a la calidez de presenciar una tormenta de nieve desde la ventana de un refugio de montaña. los detalles, en vez, son más cercanos a un recuerdo venezolano de mi niñez. a un viaje a la playa en auto, a estar atravesando unas curvas para bajar del monte a la playa, a un viaje tan remoto en mi memoria que bien podría ser un sueño, pero que sin embargo evoco con esta vegetación canaria.

podría pasarme toda la mañana viendo las curvas pasar, pero tarde o temprano el bus me deja en medio de la nada, en un paradero sin nombre, y en un segundo la lluvia y la neblina se hacen reales en mi cara. despabilo y camino por la carretera de montaña, vacía, en dirección a la finca que es mi destino. camino hacia una dirección que por ahora es niebla y que poco promete materializar alguna casa. en mi cabeza, voy a llegar a un hostal que es una finca de montaña en la canaria rural. en mi cabeza, entonces, voy a una experiencia vernácula. en la realidad, en vez, me recibe un alemán grande y rojo y que solo habla alemán. al registrarme me pide hasta el código postal, y luego me pide diez 'oiros' (euros) de garantía por la llave del cuarto, medida demasiado precavida para un hispano. por un hueco veo que en la cocina hay una mujer rubia, igual de grande que este que me pasó la llave, a la que también supongo alemana. los otros viajeros solitarios, que a medida que avanza la tarde se aparecen en la mesa de los que viajamos solos, resultaron también ser todos alemanes. gut, so kanarisch...

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