hay formas y formas de escribir el comer. en mi las recetas siempre han tenido una connotación un poco algorítmica. primero se detallan los ingredientes y luego los pasos, anotados uno a uno y pensados para ser leídos y replicados. y está bien, es una buena forma de trascender un sabor que se quiere ojalá intacto, pero me huelen a preservante. misma calaña que el nitrato de sodio, pero cultural. yo que últimamente ando medio jipi, asumiendo que la comida se pudre y las cosas se olvidan, renegando los preservantes y comiendo como pájaro, no quiero proponer una receta. las recetas, sin embargo, tienen lo suyo. me imagino que desde un punto de vista evolutivo sigue siendo todo un honor y un éxito para una comida que la hagan receta (en el mundo de las comidas que hablan y caminan, digo. hay una película que va así, a lo toy story, enq en la noche todo cobra vida en el super y hay guerra entre los ketchups y los tomates y todos le van a pedir consejo al tequila...). que te hagan receta debe ser como q a una persona le escriban una biografía o la hagan ciudadana honoris causa, y creo que para el mote del que vengo a hablar no quiero eso. en cambio, me gustaría dejar poco más que una idea, relatar un cuento vago, dar a probar a quien se me cruce y que se replique con mutaciones, y que la creatividad no quede aquí, sino enl momento de cocinar.
el 2026 ha empezado nómade. me fui de santiago los primeros días de enero y he estado vagando por el sur, sin quedarme demasiado tiempo en ningún lugar. han sido días de mucho caminar con la mochila, y cuando me la saco suele ser para ir a correr por algún sendero. días que empiezan aquí y terminan allá, y que se sienten largos por la mezcla entre la soledad y la travesía. y varias veces sin cocina, o al menos sin fuego, pero con hambre. además, la naturaleza de estos días me ha alargado los ayunos y siento que cada vez me gusta más correr así, en ayunas, incluso si se me hace tarde. por lo general a las 16 horas, pero a días me pillo a las 20, me baja el hambre. me siento ligero y con energía, pero cuando me baja el hambre, me baja mucha. me baja y la siento venir, siento como el apetito se gesta a medida que el cuerpo se calma del correr y empiezo a cocinar. el cocinar es fundamental en este proceso de gestación del hambre, que te sirvan algo listo no es lo mismo, y no lo digo de ingrato porq también me encanta, mas bien aqui lo digo tratando de transmitir que mi gusto por cocinar me viene de algún lugar primitivo, un lugar en el q cocinar y comer son parte de lo mismo, un trance orgánico, que a ratos es cultural y social, pero que también puede ser íntimo. quizás no estoy solo en este rollo.
amparado por soler tener una cocina, entrar en este trance me suele tener que ver con el fuego, con cortar, picar, hervir y saltear, así que estos días, donde lo único que tengo es un pote y una cuchara de palo, mis ratos de trance orgánico han sido un juego divertido.
aguante la cuchara de palo. la cuchara es, por lejos, el mejor instrumento. cuando viajo con lo mínimo siempre elijo cuchara, y ojalá de palo. me gusta la madera porque es firme y liviana y mucho mas sabrosa que el plástico o el metal. no me gustan los 'spork', esos que tratan de combinar cuchara y tenedor y a veces hasta cuchillo en una sola cosa... no me gustan pq suelen ser de plástico, no se agarran bien, y no tienen estilo. son una gringada que nunca va a superar a la ancestral cuchara. tampoco soy de tenedores, porque para agarrar estan los dedos. el tenedor solamente es indispensable para mezclar el arroz cuando se está cocinando, supersticiosamente, como la tradición manda, porque con cuchara no queda igual, intentenlo. el cuchillo se puede reemplazar por mascar la materia prima y escupirla en el pote. funciona con beterragas, zanahorias, pimentones, pepinos, tomates, todo. aguanten los dientes. y bueno, los dedos también se pueden usar para todo, la mano le gana incluso a la gran cuchara, pero siento q en la cultura de la que vengo esto se ha olvidado y en vez hemos sucumbido a una pulcridad en la q vamos a terminar siendo intolerantes a todo, y a una soberbia en la que comerse el puré con las manos es de mono (y en la q ser un mono es malo...). esto es algo de lo que hay que hablar, porque las formas en las que nos comemos la comida permean en la forma de la comida misma, en las preparaciones y en las consistencias. la ausencia de un instrumento da paso a otro, quizás hasta comestible. así le llega a un plato el protagonismo de una tortilla, de un arroz menos graneado, o de una masa. los palos chinos si son un gran instrumento, pero aqui no se usan. están en todos lados en la comida china, que es distinta a la de aquí, y seguro que los palos algo la han dictado (sospecho que los palos le hacen la pelea a la cuchara, pero me falta destreza para vivirlo). asi mismo, siendo indulgente, seguro q hasta nuestro tenedor tiene lo suyo. en cambio hay muchas culturas que comen con las manos, y que así llegan a lugares distintos a los nuestros. hay que comer de todas las formas.
entonces estos días voy con una cuchara. la verdad esq en la naturaleza podría ir sin cuchara, a pura mano, con mas o menos tierra pero solo tierra al fin y al cabo, pero como también he andado por harto pueblo, auto, cuneta y plaza, voy con cuchara. aunque igual me chupo los dedos.
armado con el pote y la cuchara, en algún momento del día emerjo del ayuno. y por suerte estoy en sudamerica, tierra fertil. los años viviendo en el frio danés me hacen apreciar esta fertilidad que aquí está en el aire. que rico ctm. voy y entro a una verdulería como quien entra al jardín del edén. pero con ropa, por desgracia. respiro hondo y hhhmmmmmmm!, me entra un jale de olores. bua, que se mezclen. me gustan todas. todas las frutas y todas las verduras. todas me gustan. tomate albahaca y aceite de oliva. naranja con plátano. un durazno solo y jugoso zampado ahi mismo. beterraga con limon y cilantro. palta con.. uf, no se, es difícil fallar. creo que en general hay que ponerle ganas para hacer una combinación de verduras qué quede mal, pero por lo mismo hay q tener cuidado. asi es, justo ahora frente a tanta delicia es cuando no hay q perder la ambición ni conformarse con algo bueno pero aburrido. está bien q es todo rico, y que comemos de todo y no somos mañosos, pero no por eso vamos a dejar de tener opinión. al contrario, se abre un mundo por explorar. si te da lo mismo que comer no es que seas abiert, lo q tu ere es fome. es como cuando te dice que escucha de todo: está bien, pero no hay conversa. por ejemplo, la sal no da lo mismo. la sal en las ensaladas es trampa. hasta un lechuga pálida queda bien con sal. no digo que no haya que ponerle sal, pero sí que cuando algo queda bien sin sal es un buen indicio. sería entretenido usar la sal como una especia más, a ratos si y a ratos no, y no para buscar sabor donde naturalmente hay poco. ponderar cada ingrediente por su justa intensidad, y oler matas y hierbas en busca de aromas y probar en busca de sabores q enriquezcan lo que nos vamos a zampar.
y ahora me aburrí de escribir y solo me alcancé a pasar a caca y no escribí nada sobre la ensalada de mote. igual es re fácil, intenten hacerla. dejo una foto cuneteada. chao
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