mi vida suele ser bastante estable si es que puedo salir a correr, si es que tengo al correr como parte de la rutina. correr rápido o lento, no importa, lo importante es salir. salir a correr arregla mis días de mierda y hace los días buenos aún mejores. algo bueno hace con mi ánimo sin importar el estado en que se encuentre, lo modula para bien. casi que el correr ya es parte fundamental de eso que me hace interactuar bien con el resto del mundo, casi que ya es parte de mi sistema inmune. y se que hay explicaciones, las he escuchado, de liberación de noseque' sustancia al correr y de regulación de noseque' hormona, pero hoy eso no me importa. al cuerpo le pasan biologías todo el rato, secreciones, inflamaciones, estímulos, y que se yo que mas, y es verdad que hay una dimensión en que esas cosas todo lo explican, pero también hay otra dimensión, una más literaria, ligada a nuestros relatos y a nuestras ficciones, a lo que vivimos y a lo que por casualidad o elección no alcanzaremos a vivir. es una dimensión que no viene ni antes ni después que la otra, ni la dicta ni depende de ella. ni siquiera creo que estas dos dimensiones se encuentren en algo así como una explicación biológica de nuestro sentido estético (al contrario de lo q dice sapolsky, y acercándome peligrosamente a la religión). asi que en fin, no hay pastilla ni terapia que pueda reemplazar el salir a correr, a vagar y a explorar rincones.
sin embargo ahora no puedo correr, asi que, por todo lo del párrafo anterior, me toy yendo ala puta. estoy en las palmas de gran canaria, llegué hace poco y vine a competir, y no puedo correr ni un paso sin que me moleste el talón, y se supone que el próximo viernes cruzo la isla corriendo. una distancia que ahora mismo parece inconmensurable. los días de antelación con los que viaje, y en los que pensaba correr por la isla, se han vuelto días de reflexión. a falta de estar estallando a jadeos en algún sendero, estoy en un café escribiendo, escuchándome un poco, confiando en la capacidad contenedora de las palabras, pero me cuesta. me pregunto si podré correr... si puedo, si lo logro, ya no será como lo pensé. y si no lo logro, va a ser difícil. en cualquier caso lo ideal es disfrutar de los días.
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ya estoy entregado a estos días canarios. es mi segunda vez aquí, vine con la cata hace creo tres años. la ciudad es pequeña, es inevitable encontrarse con esquinas ya recorridas, caminar por las calles del barrio en que nos quedamos o por las del centro. esta vez camino solo o con gente que así como viene se va. nostalgia. calza con las reflexiones lesivas, que me hacen parar, literalmente, y ver la vida con un poco más de perspectiva. no lo digo necesariamente para bien, yo que más bien suelo preferir vivir en el presente, sin perspectiva, con zoom, pero tampoco lo digo para mal. me pregunto que voy a hacer en el futuro próximo cuando me den ganas de hacer otra cosa, de agregar otra cosa a mi vida, cuando me aburra de estos meses del monasterio del correr en el que me metí desde que renuncie a ubuntu hace ya unos cuantos (cada vez más) meses. el otro día llegué a la historia de uno que renunció a su trabajo como programador y ahora se dedica a organizar encuentros itinerantes en los que vende pescados a la parrilla. enteros, con limón y un chimichurri. ceo que cocina solo lubinas, pero del mediterráneo así que deben ser más pequeñas y entonces perfectas para uno. el loco se consigue un patio o parque distinto cada vez, en algún lugar del centro de su ciudad, y convoca a comer lubina. así de simple, y así de bueno. me parece una buena aproximación a tener un local, o al menos a tener un trabajo.
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ya voy por el cuarto día en gran canaria, sumido en la reflexión y la lectura y el dolor de pie. brígido que de repente no puedo correr y tengo todo este tiempo. parte de mi trata de aprovechar este tiempo para dedicarle un poco de altura de mira a lo vital, pero no siempre me sale. hoy no me sale. osea si pienso en lo vital, pero sin la mas absoluta altura de mira. hoy, lo vital para mi es el hecho de que ya llevo un par de días sin cocinar. lo noto. tengo el impulso de ponerme a la obra y sin embargo no tengo cocina. se que quiero: tengo ganas de revolver un sugo. tengo unas ganas locas de revolver un sugo, gran acto ancestral. con cuchara de palo, viendo como se espesa. es un acto que me encanta en el sentido más hipnótico de la palabra. se me hace agua la boca de pensa en esa salsa profunda, la reina de todas las salsas, jugo de la tierra que dios puso en américa, porque este es el tipo de cosas para las que dios si existe. y si les parece mucho decir, si esta verborrea pomodórica les parece ridícula, entonces dejen de leer altiro. pero ya les digo, que si a los españoles les hubiesen dado a elegí entre el oro y el tomate.... en fin, los sugos me han acompañado toda mi vida, han sido ritual de bautizo de mis cocinas, ineludible paso hacia transformarlas en hogares, y han significado alimento, arte, y comunión. recuerdo muchos sugos, en distintas partes del mundo y con distintas personas. no recuerdo necesariamente los sugos mas sofisticados, y es que, como en todo, los recuerdos no tienen criterio. recuerdo, de hace pocas semanas, el último sugo de mi madre, que también es el de toda la vida. el sugo madre. recuerdo un sugo de mi padre en una de sus casas, sugo al momento, a partir de dos tomates enteros directo a una sartén, con unos tajos para luego poder pelarlos y que el fuego haga lo suyo, y con un capitulo de alguna serie esperandonos en su laptop. recuerdo el sabor único de ese sugo que me ha esperado toda la vida en la casa de mi abuelo, hecho por demi, siempre en la misma olla blanca con un diseño de flores, y al que siempre le pongo un kilo de queso y me gusta comer con rigatoni (sugo que, después de mucho intentar replicarlo, comprando los mismos ingredientes y de las mismas marcas, concluyo que su secreto debe estar en las flores de la olla). recuerdo un sugo remoto, con demasiados vegetales para el amigo del colegio al que había invitado a jugar. recuerdo los sugos adolescentes con bruno, en la casa del mauro, y muchos otros sugos con mauro en varias casas y varios años después. recuerdo a julia tirándole concentrado de tomate a unos ravioles en la casa de viale libia, directo al plato. sugo también ese. recuerdo un sugo en un día de verano romano, uno de esos días en los que la ciudad está vacía y el calor y la humedad la hacen parecer estática, y en el que francesca y yo figurábamos estudiando para algún examen de la u. recuerdo que serví sin cuchara, inclinando la sartén en cada plato, a lo bestia. recuerdo el puto sugo de mi casa en bonn, que salpicaba por todas partes porque la cocina era eléctrica y se demoraba mas que yo en darse cuenta que estaba demasiado alta (o así me gusta pensarlo, aunque la culpa era mia y tarde o temprano le agarré la mano). recuerdo a lena fumando en la cocina de nuestra casa del pigneto, con una mano en el cigarro y la otra lista en el tenedor, esperando a que pusiera la olla en el centro de la mesa. porque así comíamos en el pigneto, sin plato, más por roñosos que por jipis. en la misma cocina, recuerdo una pelea por sostener la cuchara, por ser quien revuelve. y es que revolver es hipnótico. me gusta revolver a ratos mientras el sugo hierve a fuego bajo, a burbujas distanciadas en el tiempo. un hervor tranquilo, porque en el sugo esas dos palabras si pueden ir juntas. la consistencia va cambiando lo suficientemente rápido como para percibirlo, pero aún lo suficientemente lento como para que sea un ejercicio de paciencia. ver al sugo espesarse es como ver al minutero de un reloj avanzar cinco minutos: hay segundos en los que te convences de que en realidad se mueve, y al segundo siguiente vuelves a dudar de si es una ilusión. recuerdo los primeros sugos con pimentón, con sigurd, en nuestra cocina de valby, en copenhagen. es un sugo de pimentón sofrito, aceite de oliva, y tomate, el resto es opcional. todo licuado, tiene que quedar naranjo. es un sugo que marcó un antes y un después en mi vida, que he hecho incontables veces y que he compartido mucho. recuerdo que se lo enseñé a pierre y recuerdo lo mucho que le gustó. recuerdo un sugo con pimentón, tiempo después, en casa de pierre, hecho por el. asi que un saludo a sigurd y a pierre. se que ellos entenderían la pasión en estas líneas. por el sugo de pimentón: sigan cocinando, donde sea que estén. recuerdo los sugos de francesco a la vuelta de su trabajo cuando no había energía para nada más. y uf... recuerdo amor en forma de sugo, para una catalina sentada en un sillón verde. aquí paro, para dejar reposar a los sugos más recientes. gracias por tanto hermano pomodoro.
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con y sin perspectiva. sin perspectiva vivo un poco a lo mono, un pie tras otro, exploro sobretodo lo que hay a la vuelta de la esquina, detrás del árbol que se ve allá al fondo o del cartel al final de la calle. es mi forma favorita de hacer turismo, tiene la ventaja de dejarme hacer turismo incluso en mi ciudad. en vez soy malo para los museos y para las reseñas, y quizá me pierda de algo. sin perspectiva, me masajeo un músculo, tomo un café y veo a la gente pasar. sin perspectiva, me gusta observar y saludar a quien entre o salga de mi radio. y mientras más rara sea la persona, más la miro. la miro sin escrúpulos, pero también sin intenciones. y es que es natural, lo raro llama la atención y ya, y que algo llame la atención es motivo suficiente para querer mirar. con perspectiva, en vez, me da por pensar en otras cosas. con perspectiva, hoy pienso en la especie y en su supervivencia. pienso sobretodo en mi especie, y pienso sobretodo en el único especimen de mi especie del que estoy realmente a cargo, osea yo, y en su supervivencia. últimamente he pensado bastante sobre ser papá, y para esto si que requiero perspectiva. hay algo bonito en los planes a largo plazo. en la promesa necesaria para afrontar el plazo hay cariño y hay amor, y lo digo consciente de que, en general, suelo rehuir los planes a largo plazo, por despelotado y por estética, ps no me gusta el orden que traen, pero quizás ya basta. mi mamá me contó que ella no tuvo ganas de tener hijos hasta que tuvo ganas, hasta que le picó el bicho. no se si siempre supo que le iban a dar ganas, o si estaba abierta a la posibilidad de que no. cosa es que le picó a los 32 y de allí salí yo. hay gente que en vez tiene claro que en el futuro quiere un hijo, que se lo busca, que desde joven se articula la vida en pos de eso, y me parece muy natural, aunque no es mi caso. el lado opuesto lo entiendo menos, el de tener la certeza de no querer hijos, y no solo hoy, sino que tampoco mañana. el de creer que no se cambiará de idea. sta lleno de gente que en el pasado se cerraba a jamás tener hijos y que hoy si quiere. y ante eso pienso q para que se cerraron en el pasado? si igual no iban a intentar tener hijos hasta que quisieran... cual era la ansiedad de ser premonitorios, en vez de abrirse?... relajense, tómensela con soda. igual nada grave, supongo que da lo mismo. equivocarse, digo, predecir mal, da lo mismo, y es q además hay motivos por los que vale la pena equivocarse en el futuro; motivos políticos, o traumas, o q se yo. bueno, agregar a todas estas palabras inmaduras que que en cualquier caso antes de ponerme a ser papá tengo que al menos lograr hacerme cargo de una planta, o algo así. un poco de práctica, a ver si me gusta. quizás hacer crece un tomate es un bonito ciclo. plantarlo, cosecharlo, destruirlo, triturarlo, hacerlo sugo, disfrutarlo, y quien sabe si olvidarlo.
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